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nydus/The English ConstitutionPublic
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I

se observa de hecho; la gente no hace así sus cuentas políticas. De todos nuestros peligros políticos, el mayor, según creo, es que vayan a descuidar la lección. En buen castellano, lo que temo es que ambos partidos políticos pujen por conseguir el apoyo del trabajador; que ambos prometan hacer lo que a él le plazca con tal de que se lo diga; que, dado que ahora él tiene el voto decisivo en nuestros asuntos, ambos partidos le rueguen e imploren que les dé ese voto. No alcanzo a imaginar nada más corruptor ni peor para un grupo de gente pobre e ignorante que el hecho de que dos combinaciones de hombres instruidos y ricos se ofrezcan constantemente a someterse a su decisión y compitan por el cargo de ejecutarla. Vox populi será Vox diaboli si se maneja de esa manera.

Y, por otra parte, mi imaginación evoca un peligro contrario. Puedo concebir que, al plantearse cuestiones que, de ser debatidas continuamente, unieran a los obreros como clase, las clases altas tendrían que considerar si conceder la medida que zanjara tales cuestiones, o si arriesgarse al efecto de la unión de los obreros.

Sin duda, la cuestión no puede debatirse fácilmente en abstracto; mucho debe depender de la naturaleza de las medidas en cada caso particular; del mal que causarían si se concedieran; del atractivo de su idea para las clases trabajadoras si se deniegan. Pero en todos los casos debe recordarse que una combinación política de las clases bajas, como tales y para sus propios fines, es un mal de primera magnitud; que una combinación permanente de ellas las haría (ahora que tantas de ellas tienen el sufragio) supremas en el país; y que su supremacía, en el estado en que se encuentran ahora, significa la supremacía de la ignorancia sobre la instrucción y de los números sobre el conocimiento.

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