Algo parecido ocurrió antes de 1865 . Durante todo el periodo comprendido entre 1832 y 1865 , los estadistas anteriores al 32—si se me permite llamarlos así—, lord Derby, lord Russell y lord Palmerston, conservaron un gran poder. Lord Palmerston retuvo hasta el final un gran poder de veto. Aunque en ciertos aspectos siempre joven, no tenía ni una pizca de simpatía por la generación más joven; no promovía a ningún joven; obstaculizaba todo lo que los jóvenes deseaban. En consecuencia, a su muerte, una nueva generación irrumpió de golpe en la vida pública; los anteriores al 32 se extinguieron de golpe. La mayoría de los nuevos políticos eran hombres que bien podrían haber sido nietos de lord Palmerston. Él había entrado en el Parlamento en 1806 , ellos ingresaron después de 1856 . Un cambio tan enorme en la edad de los actores causó necesariamente un gran cambio en el tipo de labor intentada y en la manera en que se llevaba a cabo. Lo que llamamos el «espíritu» de la política cambia de manera más infalible por un relevo generacional en los hombres que por cualquier otro cambio imaginable. Incluso de no haber existido ninguna Ley de Reforma, esta sola causa habría provocado profundas alteraciones.
La mera resolución de la cuestión de la Reforma produjo también un gran cambio. Si se hubiera podido resolver mediante cualquier otro cambio, o incluso sin cambio alguno, el efecto inmediato de la resolución habría sido inmenso de todos modos.
Nuevas cuestiones habrían aparecido de inmediato. Un país político es como un bosque americano: no hay más que cortar los árboles viejos y enseguida surgen árboles nuevos para reemplazarlos; las semillas estaban esperando en la tierra y comenzaron a crecer en cuanto la retirada de las viejas trajo luz y aire.
Estas nuevas cuestiones habrían creado por sí mismas una nueva atmósfera, nuevos partidos, nuevos debates.