un método para remediar una oposición permanente o un contraste entre las cámaras de los Lores y de los Comunes. Para ser eficaces en ese sentido, los pares vitalicios tendrían que ser muy numerosos. Ahora bien, la Cámara de los Lores jamás consentirá un número muy elevado de pares vitalicios sin que se desate una tormenta; tendrán que verse aterrorizados para hacerlo, o no lo harán. Y si la tormenta sopla con la fuerza suficiente para lograr tal cosa, con toda probabilidad soplará con la fuerza suficiente para lograr mucho más. Si la revolución es lo suficientemente poderosa y está lo suficientemente ávida como para crear un número inmenso de pares vitalicios, es probable que barra por completo con el principio hereditario en la Cámara Alta. Por supuesto, uno puede imaginar que suceda de otro modo; podemos concebir una tormenta política que se detiene justo en el límite de la dignidad vitalicia y luego se frena de golpe. Pero en política no debemos inquietarnos por accidentes sumamente excepcionales; ya es bastante difícil contar con las probabilidades regulares y claras, y estar preparados para ellas. Hablando matemáticamente, podemos perdernos fácilmente el curso permanente de la curva política si concentramos nuestra mente en sus cúspides y puntos conjugados.
Ni, por otra parte, puedo simpatizar con la objeción a los títulos vitalicios que algunos miembros del partido radical albergan y sienten. Piensan que esto fortalecerá a los Lores y los capacitará mejor para oponerse a los Comunes; piensan, si es que no lo dicen: > «La Cámara de los Lores es nuestra enemiga y la de todos los liberales; por fortuna, la masa de ella no destaca por su intelecto; allí nacen unos cuantos hombres inteligentes, contra lo cual no podemos hacer nada, pero no la “vacunaremos” con genio; no introduciremos por el