cuando se le podría confiar que lo gaste bien, no toma suficiente dinero de la nación. Hay argumentos para no tener una corte, y hay argumentos para tener una corte espléndida; pero no hay argumentos para tener una corte mezquina. Es mejor gastar un millón en deslumbrar cuando se desea deslumbrar, que tres cuartos de millón en intentar deslumbrar y aun así no deslumbrar».
Puede que haya algo de cierto en esta teoría; puede que la Corte de Inglaterra no sea tan espléndida como desearíamos verla.
Pero no debe hacerse jamás comparación alguna entre ella y la Corte francesa.
El Emperador representa una idea distinta a la de la Reina. Él no es el jefe del Estado; él es el Estado. La teoría de su Gobierno es que todos en Francia son iguales, y que el Emperador encarna el principio de igualdad. Cuanto más grande lo hacéis a él, más pequeño, y por tanto más igual, hacéis a todos los demás. Se le magnifica para que los otros queden empequeñecidos.