que desconoce. Las relaciones entre el Primer Lord y la Junta no siempre han sido fáciles de entender, y las que median entre el Ministerio de Guerra y los Horse Guards se hallan en extrema confusión. Aun ahora, se acaba de presentar un documento parlamentario sobre ellas en la Cámara de los Comunes, el cual afirma que no es posible rastrear el documento fundamental y rector más allá de la posesión de sir George Lewis, quien fuera secretario de Guerra hace tres años; y los detalles confusos son interminables, como forzosamente han de serlo en una pugna crónica de oficinas. En la Junta de Comercio solo existe la hipótesis de una Junta; hace mucho que dejó de existir. Ni siquiera el presidente y el vicepresidente se reúnen con regularidad para la tramitación de los asuntos. El decreto de nombramiento del segundo solo lo autoriza a despachar negocios en ausencia del presidente, y si ambos no son íntimos y el presidente decide actuar por sí mismo, el vicepresidente no ve ningún papel ni hace nada. En el Tesoro existe la sombra de una Junta, pero sus miembros carecen de poder y son precisamente aquellos funcionarios de los que Canning dijo que existían para hacer quórum, mantener la Cámara y vitorear a los ministros. La Oficina de la India cuenta con un «Consejo» fijo; pero la Oficina Colonial, que rige sobre nuestras demás dependencias y colonias, no lo tiene ni ha tenido jamás el vestigio de un consejo. Cualquiera de estas variadas constituciones podrá ser la correcta, pero difícilmente pueden
En verdad, la constitución real de un cargo permanente gobernado por un jefe permanente solo se ha discutido una vez en Inglaterra: ese caso fue peculiar y anómalo, y la decisión adoptada entonces fue dudosa. Había que crear un nuevo Ministerio para la India (India Office) cuando se abolió la Compañía de las Indias Orientales.