tales constituciones hay dos partes (no en verdad separables con precisión microscópica, pues el genio de los grandes asuntos aborrece la sutileza de la división): primero, aquellas que excitan y preservan la reverencia de la población —las partes dignas, si así puedo llamarlas— y, segundo, las partes eficientes: aquellas mediante las cuales, de hecho, funciona y gobierna. Hay dos grandes objetivos que toda constitución debe alcanzar para tener éxito, que toda constitución antigua y célebre debe haber logrado maravillosamente: toda constitución debe primero ganar autoridad y luego usar la autoridad; debe primero conquistar la lealtad y la confianza de la humanidad, y luego emplear ese homenaje en la labor de gobernar.
Hay, en efecto, hombres prácticos que rechazan las partes dignas del Gobierno. Afirman: solo queremos lograr resultados, hacer negocios; una constitución es un conjunto de medios políticos para fines políticos, y si admites que cualquier parte de una constitución no hace nada, o que una máquina