a la Cámara de los Lores le fue ofrecido, por así decirlo, mediante una providencia constitucional, y lo rechazaron. Por qué clase de esfuerzo puede repararse ese error no sabría decirlo; pero, a menos que se repare, la capacidad intelectual jamás podrá ser lo que habría sido, nunca será lo que debiera ser, nunca será suficiente para su labor.
Otra reforma debería haber acompañado a la creación de pares vitalicios.
Los votos por poder deberían haber sido abolidos.
Tarde o temprano, la escasa asistencia de la Cámara de los Lores destruirá la Cámara de los Lores. Hay ocasiones en las que las apariencias son realidades, y esta es una de ellas. La Cámara de los Lores, la mayoría de los días, se parece tan poco a lo que debería ser, que la mayoría de la gente no creerá que es lo que debe ser.
La asistencia de los pares reflexivos será, por razones obvias, mayor cuando ya no pueda verse abrumada por la inasistencia, por los votos comisionados de los pares irreflexivos.
La abolición de los votos por poder habría hecho de la Cámara de los Lores una Cámara real; la incorporación de pares vitalicios la habría hecho una buena Cámara.