Estas dificultades se plantean especialmente en cuestiones de política exterior. En la mayoría de los asuntos nacionales, la costumbre o la legislación han limitado el uso de la prerrogativa. La forma de gobernar el país, de acuerdo con las leyes vigentes, está ya muy encarrilada, y la mayoría de las administraciones se mueven en ese cauce porque es más fácil moverse en él que en cualquier otro. La mayoría de las crisis políticas —las votaciones decisivas que determinan el destino del Gobierno— versan generalmente sobre cuestiones de política exterior o de nuevas leyes; y las cuestiones de política exterior se plantean por lo general de tal modo que el Gobierno ya ha hecho algo, y corresponde a una sola parte del poder legislativo —a la Cámara de los Comunes, y no a la Cámara de los Lores— decidir si han perdido o no su puesto debido al tratado que han celebrado.
Creo que todo el mundo debe admitir que este no es un arreglo que parezca correcto a primera vista. Los tratados son tan importantes como la mayoría de las leyes, y exigir el asentimiento elaborado de las asambleas representativas para cada palabra de la ley, y