sino también a aquellas que habían luchado por su padre. Ofendió tanto a las clases anglicanas como a las puritanas; a todos los nobles whigs y a la mitad de los nobles tories, así como a la burguesía disidente. El gobierno del Parlamento se estableció por la coincidencia de los habituales partidarios de la realeza con sus habituales oponentes. Pero el resultado fue durante mucho tiempo débil. Nuestra revolución ha sido calificada como el mínimo de una revolución, porque en el derecho, al menos, solo cambió la dinastía, pero exactamente por esa razón fue el mayor golpe para la multitud común, que ve la dinastía pero no ve nada más. El apoyo de la aristocracia principal mantuvo unidos a la mayor parte de los sectores deferentes, pero los mantuvo unidos de manera imperfecta, incómoda y reacia. Enormes masas de prejuicios rudos oscilaron de un lado a otro durante muchos años. Si un Estuardo hábil hubiera profesado el protestantismo con una sinceridad creíble, probablemente habría podido derrocar a la Casa de Hannover. Tan fuerte era la reverencia innata por el derecho hereditario que, hasta la accesión de Jorge III, el gobierno inglés estuvo siempre sujeto a la incesante fricción de un soberano competidor.
Este fue el resultado de lo que insisto tediosamente, pero en lo que es más necesario insistir, pues es un detalle cardinal en todo el tema. Gran parte del pueblo inglés —la porción más alta y educada— había llegado a comprender la naturaleza del gobierno constitucional, pero la masa no la comprendía. Veían al soberano como el Gobierno, y únicamente al soberano. Estos se veían arrastrados por la magia de la aristocracia y principalmente por la influencia de las grandes familias güigas con sus satélites. Sin esa ayuda, la razón o la libertad jamás los habrían retenido.
Aunque el dominio del Parlamento quedó definitivamente establecido en 1688, la modalidad de ejercer dicho dominio ha cambiado desde entonces. Al principio, el Parlamento no sabía cómo ejercerlo; la organización de los partidos y el nombramiento de los gabinetes por parte de los partidos surgieron de la manera que Macaulay ha descrito tan