to understand; it is her primary business to know better than her feelings in this affair.
Al aprender a hablar, los niños de las clases más acomodadas llevan probablemente una ventaja considerable si se les compara con los niños de clases más humildes. Escuchan una entonación más clara y uniforme que el habla difusa e incierta de nuestra gente común, la cual ha resultado de la reacción del gran proceso sintético del siglo pasado sobre los dialectos.
Pero esta ventaja natural del niño más rico se ve disminuida de una de estas dos maneras:
- en primer lugar, por la madre;
- en segundo lugar, por la niñera.
La madre de las clases más acomodadas suele ser mucho más vana y frívola que la mujer de clase baja; busca en sus hijos una diversión y hace que contribuyan a su «efecto» y, al retomar sus pintorescas y bonitas malas pronunciaciones, y concebir añadidos humorísticos a su natural jerga infantil, les enseña a comportarse de forma mucho más aniñada de lo que jamás podrían ser por sí mismos.
Se especializan como bebés encantadores hasta que la madre se cansa de la pose, y entonces son devueltos a la guardería para recuperar el terreno perdido, si pueden, bajo el cuidado de una institutriz o una niñera.
La segunda desventaja del niño de clase alta es la niñera o institutriz extranjera. Está muy difundida la idea de que un niño es particularmente apto para dominar y retener idiomas, y la gente intenta inocularle francés y alemán tal como lord Herbert de Cherbury habría inoculado a los niños contra todos los males que heredaba su carne —incluso, los pobres infelices, con un régimen preventivo contra la gota—. El error fundamental en estos intentos de crear políglotas infantiles se resume en