En el último minuto, siete nuevos ciudadanos nacieron en esa gran comunidad de habla inglesa que se encuentra dispersa bajo diversas banderas y gobiernos por todo el mundo.
Y de acuerdo con la línea de pensamiento desarrollada en el artículo anterior, percibimos que la tarea real y última, en lo que a este mundo respecta, de todo estadista, de todo organizador social, de todo filántropo, de todo gerente de negocios, de todo hombre que levanta la cabeza por un momento de la mezquina búsqueda de sus intereses personales inmediatos, de la gratificación de sus deseos privados, consiste, como primera y urgente medida, en hacer lo mejor por estos recién llegados, en obtener el mejor resultado posible, en la medida en que sus facultades y actividades puedan contribuir a ello, de las posibilidades no desarrolladas de estos.
Y en segundo lugar, como un deber más remoto, pero quizás a fin de cuentas más fundamental, debe investigar qué puede hacerse individual o colectivamente para elevar el nivel y la calidad del nacimiento promedio.
Todas las grandes preocupaciones de la vida se reducen, tras un muy breve análisis, a eso; incluso nuestras guerras, nuestras orgías de destrucción, tienen en su trasfondo una pretensión, una intención, por fútil que sea en su concepción y desastrosa en sus consecuencias, de establecer una seguridad más amplia, de destruir una amenaza permanente, de abrir nuevos caminos y posibilidades, en beneficio de las generaciones venideras.
Uno puede presentar todo el asunto en un cuadro simplificado imaginando a todos nuestros estadistas, a nuestros filántropos y hombres