debería alentárseles a leer en voz alta. En una etapa posterior, las formas poéticas más establecidas —la balada, el soneto, el rondeau, por ejemplo— deberían proporcionar una buena práctica en el manejo del lenguaje. Debería alentarse a los alumnos a incorporar palabras nuevas en su labor —incluso si el efecto resulta a veces un poco sorprendente—, deberían buscar material en el diccionario. Un buen libro para los cursos superiores en las escuelas que aborde de manera verdaderamente inteligente e instructiva el latín y el griego, en la medida en que sea necesario conocer estas lenguas para usar y manejar con soltura el inglés técnico, sería, según creo, de gran utilidad. Debe ser un buen ejercicio escribir definiciones precisas de las palabras. La lógica es también una parte fundamental del estudio de la lengua materna.
Pero arrojar sugerencias de este modo es tarea fácil. Las revistas pedagógicas están llenas de cosas por el estilo, las conferencias educativas resuenan con ello. De lo que el mundo no está lleno es de la capacidad de organizar estas cosas, de arrastrarlas, forcejeando y aferrándose a mil dificultades imprevistas, desde el ámbito del consejo de perfección hasta el ámbito de la manifiesta