Pocas personas habrá hoy en día que no hayan señalado en alguna ocasión que los hombres son criaturas de las circunstancias. Pero una cosa es afirmar una creencia de este tipo en alguna aplicación incidental, y muy otra comprenderla por completo. Hacia una comprensión más completa de esto hemos estado trabajando en estos artículos, al deslindar la proporción de la herencia y de la educación y el adiestramiento deliberados en la producción del hombre civilizado. El resto debemos atribuirlo a su mundo en general, del cual su hogar es simplemente el primer aspecto y el más íntimo. En cada ciudadano en desarrollo hemos afirmado que existe una gran masa de posibilidad fluida e indeterminada, la cual se fija y es moldeada por el mundo que lo rodea del mismo modo que la cera es moldeada por un molde. Rara vez, por supuesto, se produce un moldeado absolutamente exacto y sumiso; pocos hombres y mujeres carecen de cierta capacidad de cuestionamiento y crítica, pero solo un material muy raro y obstinado —solo, como suele decirse, una personalidad muy original— no termina por adoptar su forma y dirección general de este modo. Y se propone en este artículo mantener esta afirmación persistentemente en el foco, en lugar de descartarla como una perogrullada y no volver a pensar en ella en absoluto a la manera habitual, mientras examinamos ciertos hechos y convenciones sociales y políticos generales que constituyen el marco general del mundo en el que se sitúa el ciudadano en desarrollo.
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VII. INFLUENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES
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