Por cada trabajador de esa clase necesitamos cincuenta si esta ciencia de la herencia ha de crecer hasta alcanzar proporciones prácticas. Necesitamos literatura, necesitamos un público especial y una atmósfera de atención y debate.
Cada hombre que comprende la idea del Nuevo Republicano acerca la satisfacción de estas necesidades, pero si tan solo algún día el Nuevo Republicano pudiera captar el oído de un príncipe, un poco cansado de ser el pelele disfrazado de los niños grandes, el maniquí reclamo de los comerciantes de moda, o si pudiera invadir y cautivar la mente de un multimillonario, estas cosas podrían lograrse casi de un zancado.
Esta ciencia de la herencia que nos falta, esta veta de conocimiento por explotar en la frontera entre la biología y la antropología, que a todos los efectos prácticos está tan inexplorada hoy como lo estaba en los días de Platón, es, a decir verdad, diez veces más importante para la humanidad que toda la química y la física, que toda la ciencia técnica e industrial que se haya descubierto jamás o que se llegue a descubrir.
Hasta aquí las posibilidades existentes de mejorar la raza mediante la cría. En el resto de estos artículos tomaremos los nacimientos al mundo, en su mayor parte, tal como los encontremos.
[El Sr. Stuart Menteath observa a propósito de esta cuestión de la reproducción de personas excepcionales que no es aconsejable sugerir la extinción voluntaria en ningún caso. Si un hombre, pensando que su familia está «tarada», muestra tanto patriotismo clarividente, humildad y abnegación de por vida como para no tener hijos, cabe suponer que la pérdida para la humanidad por la interrupción de tal linaje es mayor que la ganancia. «La vanidad en los cuerpos más pequeños obra con más fuerza», y no se sigue que un sentido de la propia excelencia justifique la máxima fecundidad de uno o lo contrario. El Sr. Vrooman, quien, junto con la Sra. Vrooman, fundó el Ruskin Hall en Oxford, escribe en un