de la Escuela. En la discusión general de estas cuestiones nos enfrentamos constantemente con el error paralelo al que hemos intentado disipar en lo que respecta a las escuelas: el error de que el Profesor y su Conferencia y (en el caso de las ciencias experimentales) su Laboratorio hacen, o pueden hacer, al hombre, exactamente de la misma manera en que se supone que el Maestro o la Maestra de escuela son omnipotentes en la educación del muchacho o de la muchacha. Y, por desgracia, el Profesor, a menos que sea un hombre de una potencia mental bastante excepcional para un Profesor, comparte esta opinión carente de fundamento. El Maestro de escuela está infraeducado con respecto a su labor y es incapaz de hacerla con pulcritud; el Profesor es con demasiada frecuencia un hiperespecializado e incapaz de formarse una idea inteligente y modesta de su lugar en la educación; y de la deficiencia de uno u otro se deriva la misma consecuencia: el intento de utilizar una porción indebidamente grande del tiempo y la energía del alumno. La hiperdirección y lo que se puede llamar sectarismo intelectual son defectos de los cuales pocos planes de estudio universitarios se libran hoy en día. El Profesor se interpone entre sus estudiantes y los libros; dice en sus clases magistrales, a su manera, lo que más le valdría dejar que los libros de otros hombres contasen; enseña sus propias creencias sin un tribunal de apelación. A los estudiantes se les mantiene redactando sus apuntes de sus improvisaciones no muy brillantes y familiarizándose con la constitución mental de este en lugar de con el tema de estudio. No reciben ningún entrenamiento en el uso de los libros como fuentes de conocimiento e ideas, aunque semejante entrenamiento sea una de las adquisiciones más necesarias para un ciudadano eficiente, y cualquier discusión en la que el estudiante moderno se embarque es, con demasiada frecuencia, tratada más bien como una presunción que debe desalentarse en lugar de como el más necesario y esperanzador de los procesos mentales. Nuestras Universidades y Colegios Mayores todavía son muy imperfectamente conscientes del reciente invento del Libro Impreso; y su uso inteligente
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IX. La organización de la educación superior
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