Mr. Gladstone y del derecho inalienable de Irlanda a una existencia nacional separada. Se oye hablar también del sagrado principio del Libre Comercio, de Imperios y Zollvereins, y de los Derechos del Padre a boicotear la educación de sus hijos, pero no se oye hablar en absoluto del fin supremo. En el mejor de los casos, todos los objetivos de nuestra actividad política no pueden ser sino medios para alcanzar ese fin, su único derecho a nuestro reconocimiento puede ser su adecuación a ese fin, y ninguna de estas «consignas» vociferadas, de estas etiquetas partidistas, de estos puntos de programa, se nos propone jamás de esa manera.
No alcanzo a comprender cómo, al menos en Inglaterra, un hombre serio y perfectamente honesto, que considere cierta esa visión más amplia de la vida que he sugerido, puede afiliarse lealmente a cualquier partido o facción existente. A lo sumo, podrá descubrir que la lucha de facciones