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nydus/Mankind in the MakingPublic
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VIII. El cultivo de la imaginación

¿Qué podría hacerse en un Estado ordenado con sensatez para reprimir este tipo de cosas?

Inmediatamente surge la cuestión de si debemos limitar el arte y la literatura a la esfera permisible para la juventud en crecimiento y el «joven».

En lo que respecta a los escaparates, los puestos de libros y las vallas publicitarias, en lo que respecta a toda la publicidad general, diría que la respuesta es Sí. Aquí estoy del lado de los puritanos, sin vacilar.

Pero nuestros adultos no deben andar con andaderas mentales, y si este mundo fuera un mundo de adultos, dudo que haya algo que no considerara apto para ser impreso y publicado. ¿Pero acaso no podemos ingeniárnoslas para que nuestra literatura adulta sea libre como el aire, mientras la literatura y el arte de los jóvenes son sensatamente expurgados?

Hay en este asunto un camino concebible, y como es el cometido principal de estos escritos señalar y discutir tales caminos, puede exponerse aquí. Se presentará, tal como se presenta gran parte de estos escritos en aras de una sugerencia concisa, en forma de propuesta concreta, por decirlo así, una sugerencia de muestra. Este camino, pues, consiste en dar una definición de lo que constituye materia indeseable para las mentes de los jóvenes, y hacer que esta abarque tanta indecencia y grosería sugerentes como sea posible, que lo cubra todo, en efecto, aquello que no sea virginibus puerisque, y llamar a esta materia con algún adjetivo razonablemente inofensivo, “adulto”, por ejemplo. Uno podría hablar de arte “adulto”, literatura “adulta” y ciencia “adulta”, y la cobertura de todos los procedimientos bajo ciertas leyes específicas podría declararse materia “adulta”. Antiguamente existía un sistema excelente consistente en poner la materia “adulta” en latín, y por muchas razones uno lamenta dicho latín. Pero

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