estudios normal de nuestras escuelas superiores y universidades es una mezcolanza carente de sentido y ajena a la educación, y el graduado medio en Artes sabe algo, pero no lo suficiente, de ciencia, matemáticas, latín, griego, literatura e historia; ha tributado homenaje a varios planes educativos en conflicto y no hace honor a ninguno. Tenemos que deshacernos de este estado de cosas y tenemos que proporcionar (i) una formación mental sustancial que conduzca por fin a una visión amplia y abarcadora de las cosas, y que sea un entrenamiento en la generalización, la abstracción y el examen de las pruebas, estimulando y disciplinando la imaginación y desarrollando el hábito del trabajo paciente, sostenido, emprendedor y minucioso, y (ii) tenemos que añadir una cultura general, un círculo de ideas sobre cuestiones morales, estéticas y sociales que forme una base común para la vida social e intelectual de la comunidad. El primero de estos dos elementos debe en alguna etapa desarrollarse —tras dos o cinco o siete o algún período de años similar, que puede diferir en distintos casos— hacia la formación especial para la función concreta del individuo en el cuerpo social, ya sea como ingeniero, director de empresa, médico, sacerdote, periodista, administrador público, soldado profesional o lo que fuere. Y antes de preguntar qué debe constituir (i), tal vez sea conveniente definir la relación entre la primera y la segunda sección de la etapa universitaria de la educación.
Es (i) lo que constituirá el trabajo esencial del Colegio, el cual será la preocupación especial del profesorado, el que «contará» en los exámenes, y lo concibo típicamente ocupando cuatro días laborables completos a la semana, cuatro días buenos, intensos y exigentes, y no más, del tiempo de los estudiantes. Los tres restantes, en la medida en que no estén ocupados por el ejercicio físico, la instrucción militar y la mera diversión, deben dedicarse a (ii), que imagino como una serie de actividades mucho más generales, discursivas, variadas y espontáneas. Para decirlo brevemente, empleando una cómoda palabra de argot, (i) es el «hincar los codos», y (ii) es la cultura general, elementos que se confunden demasiado en la educación adolescente. Un gran número de