No se puede negar que aquellas naciones que llevan más tiempo consumiendo bebidas fermentadas son las más sobrias, pero eso, al fin y al cabo, puede ser solo un aspecto de procesos mucho más amplios.
Las naciones que más tiempo llevan consumiendo bebidas fermentadas son también las que más tiempo llevan civilizadas.
El paso de un pueblo desde una condición de dispersión agrícola hacia una civilización más organizada significa un cambio muy extremo en las condiciones de supervivencia, de las cuales la creciente intensidad de la tentación al exceso alcohólico es tan solo un aspecto.
La glotonería, por ejemplo, se convierte en un hábito mucho más posible, y muchos otros vicios tientan a la muerte por primera vez a los hombres que se están congregando en las ciudades y sus al rededores.
La ciudad exige deseos físicos más persistentes, más intelectualizados y menos intensos que el campo.
Las cualidades morales que suponían una desventaja en la etapa de dispersión se vuelven ventajosas en la ciudad, y viceversa.
La independencia agreste deja de ser útil, y una aptitud inteligente para la concesión mutua, para la colaboración y el regateo, favorece cada vez más la supervivencia.
Además, se va formando muy lentamente un indefinible entramado de educación hogareña tradicional en la contención, muy difícil de separar en el análisis de la herencia mental. Las personas que han vivido durante muchas generaciones en las ciudades no solo son más moderadas y menos explosivas en los vicios más groseros, sino también mucho más urbanas en general. Los pueblos borrachos son asimismo los pueblos «incivilizados» y los pueblos individualistas. Es poco probable que la gran prevalencia de la