Y, sin embargo, de muchas maneras parece que nos hemos acercado a la esperanza de unos comienzos permanentes más que cualquiera de aquellos ensayos previos de civilización. Colectivamente sabemos mucho más, y una mayor parte de nosotros está en contacto con el cuerpo general de conocimiento de lo que jamás lo estuvo en ninguna etapa anterior. Sin duda sabemos lo suficiente como para albergar la esperanza de que hemos dejado atrás la última de las Edades Oscuras. Pero aunque tengamos esperanza, no tratamos con certezas, y de la ampliación y el aumento del flujo de ideas depende nuestra esperanza.
En la actualidad, este flujo de pensamiento y entendimiento común no es ni con mucho tan amplio y profundo como podría llegar a ser, como debe llegar a ser si es que esta civilización actual ha de ser algo más que otro falso comienzo. Nuestra sociedad [Footnote: Anticipations, Capítulo III. Developing Social Elements.] ha dejado de ser homogénea y se ha convertido en una confusión heterogénea, carente de bases de acción comunes y seguras, bajo la presión de sus propios logros materiales. A falta de una literatura suficiente, nos especializamos en clases no coordinadas. Se están desarrollando varios tipos sociales nuevos, ignorantes los unos de los otros, ignorantes casi de sí mismos, llenos de sospechas y malentendidos mutuos, estrechos, limitados y peligrosamente incapaces de una acción colectiva inteligente ante las crisis. El médico no ve nada más allá de su profesión; malinterpreta al artista, al eclesiástico y al ingeniero. El ingeniero odia y desprende desprecio hacia el político, el abogado no comprende los propósitos del médico, el artista vive airadamente en un rincón sofocante y reducido de pura técnica; ninguno de ellos lee literatura general de ningún tipo, salvo quizás un periódico. Cada uno piensa parroquialmente dentro de sus propios límites y, aparte de su especialidad, es un hombre analfabeto. Es absolutamente necesario para el progreso de nuestra civilización que se superen estos aislamientos, que la comunidad cobra conciencia de sí misma