el Registro de Maestros está clasificado de manera especial para evitar que a los «jóvenes caballeros» los enseñen los únicos hombres que, como clase, saben enseñar en Inglaterra, a saber, los maestros de primaria; en todas partes se encuentra la misma cosa. Y mientras esto sea así, resulta absurdo esperar que unos cuantos lugares comunes sobre la libertad y la esobrería, y unas cuantas piadosas esperanzas sobre la eficiencia, contrarresten la enseñanza universal e incansable del sistema, su lección de esfuerzo limitado dentro de posibilidades definidas. Solo bajo una condición puede un sistema así elevarse hacia algo que pueda llamarse vigor nacional, y es cuando existe una Corte vigorosa que impone la moda del trabajo duro. Un rey agudo, indiferente a la influencia femenina, puede, durante un tiempo, hacer una nación aguda, pero ese es un estado de cosas excepcional y toda la forma de la estructura gravita hacia la recaída. Incluso bajo tal influencia, la estratificación social aún impedirá, en la mayoría de los casos, que los poderes y los puestos recaigan en el mejor hombre posible. En la mayoría de los casos, lo mejor que se puede esperar, incluso entonces, será ver al mejor hombre de la clase privilegiada en relación con cualquier servicio particular, desempeñando dicho servicio. Se cree que la nación más eficiente del mundo hoy en día es Alemania, que es —a grandes rasgos— una monarquía aristocrática; está dominada por un hombre de una fuerza de carácter de lo más poco regia, y por una noble tradición de rigor educativo que surgió de las vergüenzas de la derrota total y, como consecuencia, un gran número de personas se las arreglan para olvidar que la demostración más deslumbrante de eficiencia nacional que el mundo jamás ha visto siguió al desprendimiento de las instituciones hereditarias por parte de Francia.
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VII. INFLUENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES
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