autoadaptación a los nuevos descubrimientos y métodos, convertirlo en un profesional y en un trabajador a destajo y por tarea a la usanza de la gran mayoría de los profesionales. Contra todas estas cosas lucha el elemento servil que hay en él. Se resiste a la educación y se aferra al aprendizaje, lucha por el trabajo por tiempo, obstaculiza los nuevos inventos, se aferra al ideal de las pocas horas, el buen sueldo, la holgazanería y que se preocupe el amo. Su mujer es una criatura mucho más real que la del empleado; ella misma se encarga de la casa de manera tosca y eficaz; sus hijos reciben mucho más alimento para el cuerpo y la mente, y mucha menos represión. Se puede adivinar la edad del operario especializado dentro de un margen de diez años por la cantidad de libros que hay en su hogar; cuanto más joven es, más numerosos suelen ser estos. Y cuanto más joven es, más probable es que esté al tanto de ciertas opiniones generales sobre sus derechos y su lugar en la escala social, y menos dispuesto estará a llevarse los dedos a la gorra al ver paño fino, o la mano a la media corona que se le ofrece. Habrá escuchado a organizadores sindicales y a oradores socialistas; habrá leído los periódicos especializados de su clase. Todo este hogar está, en comparación con el del dependiente, abierto de par en par a nuevas influencias. Los hijos van a una escuela pública (Board School) y muy probablemente después a clases nocturnas, o a los music-halls. He aquí de nuevo un nuevo tipo de hogar, en el que se están fabricando por miles los ingleses de 1920, y que es empujado un poco más arriba en la escala intelectual y moral cada año, un poco más lejos de su concepción original de trabajo, dependencia, irresponsabilidad y servilismo.
Compara, una vez más, las condiciones del hogar del hijo de un accionista británico bien conectado que hereda, digamos, unas setecientas u ochocientas libras al año, con el hogar de exactamente el mismo tipo de persona proveniente de la clase media.