la calidad de los celos: si el hecho de ser esposa de un hombre y madre de sus hijos no le otorga casi necesariamente a una mujer un sentimiento de posesión exclusiva sobre él, y si, por lo tanto, en nuestro firme empeño de no degradarla, no se desvanece nuestro último jirón de poligamia. > Desde el principio hasta el fin, por supuesto, se ha dado por sentado que solo puede pretenderse una poligamia prolífica, pues mucho antes de haber sondeado lo más hondo del corazón humano sabremos lo suficiente como para imaginar cuáles deben ser las consecuencias feas y carentes de sentido de
Luego en todo este enredo, ya sea como una luz o como una confusión añadida es difícil de decir, llega el hecho de que, si bien somos siempre propensos a hablar de lo que siente «una mujer» y de lo que hará «un hombre», y así ideamos nuestro código, no existe, en verdad, tal mujer ni tal hombre, sino una vasta variedad de temperamentos y disposiciones, almas monádicas, diádicas y poliméricas, y este tipo de corazón y cerebro y aquel. Solo