Su desastre personal puede deberse a la posesión de un carácter audaz y emprendedor, de un grado de orgullo y energía superior a las necesidades de la posición que su entorno social le ha impuesto. Otro ciudadano puede tener todos los deseos e impulsos de este hombre, refrenados y esterilizados por la falta de energía nerviosa, por un miedo abyecto al policía y a las consecuencias de la desaprobación de sus conciudadanos más prósperos. Confesare francamente que, por mi parte, prefiero al malvado antes que al mezquino, y que preferiría confiar el futuro al primero de estos linajes que al segundo.
Cualquiera que sea la preferencia que el lector pueda albergar, subsiste esta inconfundible objeción a su aplicación a la reproducción: que la «criminalidad» no es una cualidad simple y específica, sino un complejo que puede mezclarse con otros complejos para dar resultados totalmente incalculables en la descendencia que produce. De modo que aquí también, en el aspecto negativo, hallamos una expresión general inservible para nuestro uso. [Nota a pie de página: Sin duda, el hogar del delincuente y del fracasado social suele ser desastroso para los niños que nacen en él. Esta es una cuestión que se tratará ampliamente en un artículo posterior, y la consigno aquí solo para señalar que está fuera de nuestra discusión actual, la cual no se ocupa del destino de los niños nacidos en el mundo, sino de la cuestión previa de si podemos esperar mejorar la calidad del nacimiento medio alentando a ciertos tipos de personas a tener hijos y desalentando o prohibiendo a otros. Es de vital importancia mantener estas dos cuestiones separadas si queremos llegar al fin a una base para una acción eficaz.]
Pero se alegará que, aunque la criminalidad en su conjunto no significa nada lo suficientemente definido para nuestro propósito, se pueden extraer y definir ciertas tendencias criminales (o en todo caso desastrosas) que son simples, específicas y transmisibles. Quienes hayan leído el libro Alcoholism del Sr. Archdall Reid, por ejemplo, sabrán que él trata constantemente lo que se llama la «ansiedad