Admitamos de entrada que se trata de una investigación de una sutileza y complejidad extraordinarias, que hay Diez mil formas de equivocarse, y quizá de hacerlo de manera perniciosa. El hecho de que uno pueda rendirse no es una razón suficiente para el abandono y la desesperación. Para tomar un caso análogo, puede resultar complejo y laborioso salir de un foso de osos en el que uno ha caído, pero poca gente consideraría eso una razón para la inacción. Incluso si abrigaran pocas esperanzas de hacer algo efectivo, podrían encontrar en la especulación y los experimentos para escapar una forma amena de pasar el tiempo. Es el tipo de proyecto que solo debe abandonarse ante la prueba definitiva y concluyente de su imposibilidad. Exactamente el mismo principio se aplica a los destinos humanos y a la salvación de vidas ajenas a la nuestra. De hecho, la empresa no es en absoluto desesperada si se emprende con honestidad, cautela y audacia.
Consideremos las líneas por las que los hombres deben transitar para asegurar el mayor crecimiento posible del pensamiento original en el Estado, pensamiento original del cual lo que los hombres de ciencia llaman Investigación es tan solo una fase.
Antes de que podamos considerar cómo podemos dotarlo, equiparlo y ayudarlo, tenemos que considerar cómo podemos encontrar al pensador original y, si podemos, tenemos que definirlo y descubrir todo lo que podamos sobre sus métodos y hábitos, su historia natural, por decirlo de algún modo. Estamos intentando hacer una generalización sobre una clase de personas notablemente peculiares y difíciles. Se trata de personas dotadas de un gran poder intelectual o simplemente de un gran poder imaginativo, cuya inclinación y cualidad es aplicar estos poderes excepcionales no de manera directa y simple a su progreso y enriquecimiento personal, sino principalmente a través de cauces filosóficos, científicos o artísticos, al incremento del conocimiento o de la sabiduría o de ambos.