ideas con palabras que sin ellas, y ninguna de estas palabras debería ser imposible a los cinco años. El niño también debería conocer familiarmente, por medio de juguetes, bloques de madera y demás, muchas formas sólidas elementales. Es de lamentar que en el lenguaje común no tengamos palabras fáciles y convenientes para muchas de estas formas, y en lugar de aprenderse de manera fácil y natural durante el juego, se dejan sin distinguir y hay que estudiarlas más tarde bajo circunstancias de una tecnicidad prohibitiva. Sería bastante fácil enseñar al niño de forma incidental a distinguir el cubo, el cilindro, el cono, la esfera (o bola), el esferoide prólogo (que podría llamarse “huevo”), el esferoide oblato (que podría llamarse “bola aplastada”), la pirámide y varios paralelepípedos, como, por ejemplo, la losa cuadrada, la losa rectangular, el ladrillo y el poste. Podría ir añadiendo estas cosas a su caja de bloques poco a poco, construiría con ellas, las combinaría y jugaría con ellas una y otra vez, absorbiendo un conocimiento íntimo de sus propiedades, justo a la edad en que tal conocimiento se busca casi instintivamente y su adquisición es de lo más agradable y fácil. Estas cosas no necesitan serle impuestas de manera especial. En ningún modo debe ser llevado a darles relieve o a conferir una importancia pedante a su conocimiento de ellas. Estas se incorporarán a sus juguetes y a su juego mezcladas con mil intereses más, el polvo fortificante de las ideas generales claras, en medio de la mermelada del juego.
Además el niño debería saber contar, [Footnote: Cabe pocas dudas de que a muchos de nosotros se nos enseñó a contar muy mal, y de que este defecto nos obstaculizó en la aritmética durante toda la vida. Se debe enseñar a contar mediante cubos pequeños, que el niño pueda ordenar y reordenar en grupos. Debería tener al menos más de un centenar de estos cubos —si es posible, un millar—; le servirán como bloques de juguete y para innumerables propósitos. Nuestra civilización está ahora consagrada a un sistema decimal de recuento y, para empezar, estará bien enseñar al niño a contar hasta diez y detenerse ahí por un tiempo. La señora Mary Everest Boole sugiere que resulta muy confuso tener nombres distintivos