Los que escribimos no estamos todos tan cegados por la vanidad como para no conocer algo de nuestro valor personal absoluto. Somos lagartijas en un palacio vacío, ranas reptando sobre un trono. Pero es un palacio, es un trono, y, tal vez, la reverberación de nuestras feas voces despierte pronto al mundo para poner algo mejor en nuestro lugar. Porque escribimos abominablemente bajo presión y por un pan deshonrado, no por ello dejamos de estar haciendo el futuro. Lo estamos haciendo atroces sin duda; no somos ajenos a esa posibilidad, pero algunos de nosotros, al menos, querríamos hacerlo mejor. Sabemos muy bien hasta qué punto estamos desconectados de la erudición y la contemplación. Debemos guiar nuestras plumas para vivir y empujar y gritar para ser escuchados. Debemos tropezar con hombres a quienes una formación más amplia en cualquier sentido habría convertido en nuestros aliados, debemos sufrir y perder los estribos y hacer las cosas necias que se hacen en el calor del día. Pese a todo, según nuestras luces, los que escribimos estamos intentando salvar nuestro mundo a falta de mejores salvadores, transformar este tumulto mental en un orden de comprensión e intención en el que puedan crecer grandes cosas. El pensamiento de una comunidad es la vida de esa comunidad, y si el pensamiento colectivo de una comunidad está desconectado y es fragmentario, entonces la comunidad es colectivamente vana y débil. Eso no constituye un defecto incidental, sino un fracaso esencial. Aunque esa comunidad tenga ciudades como el mundo jamás ha visto antes, flotas y huestes y glorias, aunque cuente a sus soldados por cuerpos de ejército y a sus hijos por millones, si no se aferra a la realidad del pensamiento y de la voluntad formulada bajo estas cosas exteriores, pasará, y todas sus glorias pasarán, como el humo ante el viento, como la bruma bajo el sol; se convertirá al fin tan solo en un sueño más, vago y desvaneciente, sobre el pergamino del tiempo, un montón de montículos y una historia sin sentido, tal como son Babilonia y Nínive.
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X. EL PENSAMIENTO EN EL ESTADO MODERNO
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