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nydus/Mankind in the MakingPublic
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X. EL PENSAMIENTO EN EL ESTADO MODERNO

colectivamente y piense como un todo. Y lo único que puede superar estos aislamientos y situar a la masa de los hombres inteligentes sobre una base común de entendimiento es una literatura contemporánea abundante y de influencia casi universal.

Ya hemos hablado de la posibilidad de desarrollar la inervación del Estado, la distribución de libros, el estímulo y la dirección de la lectura, y todos los aspectos periféricos de la literatura, y llegamos ahora al difícil y complejo problema de si podemos hacer algo, y qué es lo que podemos hacer, para estimular el pensamiento central.

¿Podemos abrigar la esperanza de mejorar las condiciones de la producción literaria, de hacer nuestra literatura más variada, quintaesenciada y abundante, de reforzarla con honor y ayuda, de atraer a su servicio a todos los hombres y mujeres con dones valiosos, y de aprovechar al máximo estos dones?

Bastantes personas afirmarán que aquellas cosas que constituyen la literatura van y vienen más allá del control y la voluntad del hombre; hablarán de Shakespeare como de una especie de consecuencia mística, de Roger Bacon o de Newton como hombres independientes de las circunstancias, inevitablemente grandes. Y si son de los que van de escritores cómicos —la palabra «humorista», como señaló hace tiempo Schopenhauer, es una piel de león robada para esta gente—, se pondrán extremadamente graciosos a propósito de la escuela propuesta para Bacones y Shakespeares. Pero un poco de reflexión convencerá al lector de que ninguna de las grandes figuras del pasado apareció sin que se sumaran ciertas condiciones a sus facultades inherentes. * En primer lugar, debían tener una seguridad razonable de que existía una atmósfera comprensiva e inteligente, por muy limitada que fuera en su alcance —no hubo ningún Platón en la

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