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nydus/Mankind in the MakingPublic
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VII. INFLUENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES

Ambos sistemas necesitan vigilancia, necesitan crítica, la podadora y el estimulante, y ninguno es lo suficientemente malo como para justificar un cambio revolucionario hacia el otro. En alguna conclusión de este tipo ha terminado por reposar la mayoría del pueblo inglés con el que uno puede debatir esta cuestión, y a esta forma de ver el asunto hay que atribuir la aquiescencia apática ante el sistema hereditario británico, sobre la cual ya he llamado la atención. Se produce una admisión franca y excesiva de cada defecto real e imaginario del sistema estadounidense, y con la proposición de que nos hallamos entre los cuernos de un dilema, se da por zanjado el debate.

Pero, ¿nos encontramos verdaderamente entre los cuernos de un dilema, y no hay alternativa al gobierno hereditario temperado por las elecciones, o al gobierno del político de barrio y la cabina de votación?

¿No podemos tener ese sentido y esa tradición de igualdad de oportunidades para todos los que nacen en este mundo, ese reconocimiento generoso y completo del principio de ascenso desde las bases que es el precioso derecho de nacimiento del estadounidense, sin el amaño político, la falsificación práctica, que al fin restringe esa libertad general únicamente a los enérgicos, y que subordina la cualidad a la cantidad en cada asunto de la vida?

Es evidente que para el Nuevo Republicano admitir que el asunto es de hecho un dilema, que no hay más remedio que apechugar con lo que nos toque de peor entre lo disponible, que no podemos tener todo lo que deseamos sino solo una mayor o menor mitad, es una admisión de lo más melancólica y obstaculizante. Y, ciertamente, ningún Nuevo Republicano estará de acuerdo sin cierta lucha mental, sin una investigación minuciosa y sincera sobre la posibilidad de una tercera dirección.

Este asunto tiene dos aspectos, se presenta como dos cuestiones: la cuestión, en primer lugar, de la administración, y la cuestión del honor y

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