o judío; el hecho es que deben andar haciendo toda clase de cosas en común todos los días. Pueden derivar sus motivos y sanciones últimas de las fuentes más diversas, pueden adorar en los templos más contrastantes y aun así encontrarse unánimemente en la plaza pública con el deseo de dar forma a sus actividades generales según el modelo de una vida «con espíritu público», y cuando al fin la vida de cada día se resume, «dejar el mundo mejor de lo que lo encontraron».
Y es a partir de esa excelente expresión de donde quisiera comenzar, o más bien a partir de una suerte de reformulación ampliada de dicha expresión —fuera por completo del ámbito de la discusión religiosa—.
Un hombre que edifique sobre esa expresión como fundamento en asuntos políticos y sociales, tiene al menos la posibilidad de acuerdo en el plan de acción que estos ensayos desarrollarán. Porque, aunque teorizamos, es a la acción a donde apuntarán nuestras especulaciones.
Tomarán la forma de una doctrina política y social organizada. Conviene dar un nombre a esta doctrina, y por razones que resultarán bastante claras para quienes hayan leído mi libro Anticipations, esta doctrina será denominada en adelante «Nuevo Republicanismo», la doctrina de la Nueva República.
La concepción central de este Nuevo Republicanismo, tal como se ha ido configurando en mi mente, radica en conceder una importancia preeminente a ciertos aspectos de la vida humana, y en subordinar sistemática y siempre todas las demás consideraciones a estos aspectos cardinales. Comienza con una manera de contemplar la vida. Insiste en esa manera, no considerará ningún asunto humano en absoluto si no es de ese modo. Y esa manera, expresada del modo más conciso posible, consiste en