“En cuanto al favor, maestro —dijo—, me parece que se equivoca. El favor está quizás más bien de mi parte”. “No —respondió el maestro, sonriendo ahora que había obligado a K. a hablar por fin—. En ese punto estoy totalmente convencido. Nuestra necesidad de un bedel es más o menos tan urgente como nuestra necesidad de un Agrimensor. Bedel, Agrimensor, en ambos casos es una carga sobre nuestros hombros. Todavía tendré muchos problemas para averiguar cómo voy a justificar el puesto ante el Consejo Municipal. Lo mejor y más honesto sería tirar la propuesta sobre la mesa y no justificar nada”. “Eso es justo a lo que me refería —respondió K.—, tiene usted que contratarme en contra de su voluntad. Aunque le cause una gran perturbación, tiene que contratarme. Pero cuando uno se ve obligado a contratar a otra persona, y esta otra persona se deja contratar, entonces es ella la que concede el
—¡Qué extraño!