huéspedes, sino que de hecho le gusten; cualquiera que pueda hacer eso puede ser doncella. Pero en la taberna es completamente distinto. Me han contratado enseguida para la taberna otra vez, a pesar de que no me fui de allí con gran distinción; pero, por supuesto, intercedieron por mí. Al posadero, sin embargo, le encantó que intercedieran por mí para facilitarle el volver a contratarme. Al final resultó que tuvieron que suplicarme que aceptara el puesto; cuando piensas en lo que me recuerda la taberna, lo entenderás. Al final decidí aceptarlo. Solo estoy aquí temporalmente. Pepi nos rogó que no la pusiéramos en la vergüenza de tener que abandonar la taberna al instante, y dado que ha estado dispuesta y ha hecho todo lo mejor que ha podido, le hemos concedido una prórroga de veinticuatro horas». «Todo eso está muy bien apañado —dijo K.—, pero una vez dejaste la taberna por mí, y ahora que pronto vamos a casarnos, ¿vas a volver a ella otra vez?». «No habrá boda», dijo Frieda. «¿Porque te he sido infiel?», preguntó K. Frieda asintió. «Mira, Frieda —dijo K.—, ya hemos hablado a menudo de esta supuesta infidelidad mía, y cada vez has tenido que reconocer al final que tus sospechas eran injustas. Y desde entonces nada ha cambiado por mi parte, todo lo que he hecho ha seguido siendo tan inocente como al principio y como siempre debe seguir siendo. Así que algo debe de haber cambiado por tu parte, por sugerencias de extraños o de un modo u otro. De todos modos, eres injusta conmigo, pues escucha cómo es mi relación con esas dos chicas. La morena... casi me da vergüenza defenderme en puntos concretos como este, pero no me dejas otra opción... la morena, pues, probablemente me desagrada tanto como a ti: mantengo las distancias con ella de todas las maneras posibles, y ella también lo pone fácil, nadie podría ser más reservada que ella».
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