los nombres para endosarle las cosas a Sortini, sobre todo cualquier deber que recaiga en él como suplente, para que lo dejen trabajar tranquilo. Ahora bien, cuando un hombre tan poco habituado a la sociedad como Sortini se enamora de repente de una muchacha del pueblo, es natural que se lo tome de un modo muy distinto, por ejemplo, que el aprendiz de carpintero de al lado. Y hay que recordar también que entre un funcionario y la hija de un zapatero del pueblo media un abismo enorme que hay que sortear de algún modo, y Sortini intentó hacerlo así, donde otro habría actuado de otra manera. Por supuesto, se supone que todos pertenecemos al Castillo, y se supone que no hay abismo entre nosotros ni nada que sortear, y eso puede ser muy cierto en ocasiones ordinarias, pero hemos tenido pruebas macabras de que no es así cuando surge algo verdaderamente importante. En cualquier caso, todo eso debería hacerle más comprensible el método de Sortini, y menos monstruoso; comparado con el de Klamm es relativamente razonable, y hasta para los implicados directamente resulta mucho más soportable. Cuando Klamm escribe una carta de amor es mucho más exasperante que la más brutal de las cartas de Sortini. No me malinterprete, no me atrevo a criticar a Klamm, solo los comparo porque usted se niega a ver la comparación. Klamm es una especie de tirano con las mujeres; ordena primero a una y luego a otra que vayan a verlo, a ninguna la aguanta mucho tiempo, y les manda irse tal como les mandó venir. Oh, Klamm ni siquiera se tomaría la molestia de escribir una carta antes. Y en comparación con eso, ¿es tan monstruoso que Sortini, que es tan retraído y cuyas relaciones con las mujeres son al menos desconocidas, se digne por una vez a escribir de su hermosa letra oficial una carta, por muy abominable que sea? Y si aquí no hay ninguna distinción a favor de Klamm, sino al contrario, ¿cómo puede establecerla el amor de Frieda por él? Créame, la relación que existe entre las mujeres y los funcionarios es muy difícil, o más bien muy fácil de determinar. El amor siempre entra en juego. No existe algo así como una historia de amor desgraciada de un funcionario. Así que, en ese aspecto, no es ningún elogio decir de una
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El secreto de Amalia
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