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nydus/The CastlePublic
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XIII

de mí, y qué medios tan despreciables utiliza, y cómo te dejas vencer por ella, Frieda, ¡cómo te dejas vencer por ella! Dime ahora, ¿de qué manera te oculto algo? Que quiero llegar a Klamm lo sabes, que tú no puedes ayudarme a conseguirlo y que por lo tanto debo hacerlo por mis propios medios también lo sabes; que no lo he conseguido hasta ahora lo ves por ti misma. ¿Acaso debo humillarme el doble, tal vez, contándote todos los intentos inútiles que ya me han humillado lo suficiente? ¿Acaso debo enorgullecería de haber esperado y tiritado en vano toda una tarde a la puerta del trineo de Klamm? Demasiado contento de no tener que pensar más en esas cosas, me apresuro a volver contigo, y me recibes de nuevo con todos esos reproches tuyos. ¿Y Bernabé? Es verdad que lo estoy esperando. Es el mensajero de Klamm, no soy yo quien lo hizo tal”. “¡Otra vez Bernabé!”, exclamó Frieda. “No puedo creer que sea un buen mensajero”. “Tal vez tengas razón”, dijo K., “pero es el único mensajero que me envían”. “Peor para ti”, dijo Frieda, “con más razón deberías desconfiar de él”. “Por desgracia, hasta ahora no me ha dado motivos para ello”, dijo K. sonriendo. “Viene muy raras veces, y los mensajes que trae no tienen ninguna importancia; solo el hecho de que provengan de Klamm les da algún valor”. “Pero escúchame”, dijo Frieda, “pues ni siquiera Klamm es tu meta ahora; tal vez eso sea lo que más me inquieta: que siempre añoraras a Klamm mientras me tenías a mí ya era bastante malo, pero que parezcas haber dejado de intentar llegar a Klamm ahora es mucho peor, eso es algo que ni siquiera la hostelera preveía. Según la hostelera, tu felicidad, una felicidad dudosa y sin embargo muy real, terminaría el día en que finalmente reconocieras que las esperanzas que depositabas en Klamm

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