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nydus/The CastlePublic
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XII

que abrir el leñero; no me atreví a pedirle la llave en mitad de la noche, mi prometido estaba en el Herrenhof, cabía la posibilidad de que se quedara allí toda la noche, así que tuve que decidir por mi cuenta. Si he obrado mal, perdone mi inexperiencia; ya me ha regañado bastante mi prometido después de ver lo que había pasado. Sí, hasta me prohibió encender las lumbradas temprano, porque pensaba que al cerrar el leñero con llave usted había demostrado que no quería que se encendieran antes de que llegara usted mismo. Así que la culpa de que no estén encendidas las lumbradas es de él, pero la de que se haya forzado el leñero es

—¿Quién ha roto la puerta? —preguntó el maestro, volviéndose hacia los ayudantes, que todavía forcejeaban inútilmente para librarse de su presa—. El caballero —respondieron ambos y, para que no cupiera ninguna duda, señalaron a K.

Frieda se rio, y su risa pareció ser aún más concluyente que sus palabras; luego comenzó a escurrir en el cubo el trapo con el que había estado fregando el suelo, como si el episodio hubiera quedado zanjado con su declaración y el testimonio de los ayudantes no fuera más que una broma tardía. Solo cuando volvió a ponerse de rodillas para seguir trabajando añadió: > «Nuestros ayudantes son unos críos que, a pesar de su edad, aún deberían estar en los pupitres de la escuela. Anoche fui yo misma la que rompió la puerta a hachazos, fue muy fácil, no necesité que los ayudantes me ayudaran, solo habrían sido un estorbo. Pero cuando mi prometido llegó más tarde, de madrugada, y salió a ver los desperfectos y a enmendarlos si era posible, los

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