Cuando vi el brillo en sus ojos al contarle aquellas cosas, un brillo que no ha abandonado sus ojos desde entonces, me sentí aterrorizado y, sin embargo, no me detuve; lo que estaba en juego me parecía demasiado grande. Admito que no tenía los grandes pero vacíos planes de mi padre, ni la resolución que tienen los hombres; me limité a enmendar la ofensa al mensajero y solo pedía que se me tuviera en cuenta la modestia real de mi tentativa. Pero lo que no había podido lograr por mí mismo quería conseguirlo ahora de otro modo y con total seguridad a través de Barnabas. Habíamos insultado a un mensajero y lo habíamos empujado a una oficina más apartada; y ¿qué había más natural que ofrecer un nuevo mensajero en la persona de Barnabas, para que la labor del otro mensajero fuera continuada por él, y el otro mensajero pudiera permanecer tranquilamente retirado tanto tiempo como quisiera, durante el tiempo necesario para olvidar la afrenta? Era muy consciente, por supuesto, de que a pesar de toda su modestia mi plan albergaba un tinte de presunción, que podía dar la impresión de que queríamos dictar a las autoridades cómo debían decidir un asunto personal, o que dudábamos de su capacidad para tomar las mejores disposiciones, las cuales bien podrían haber tomado mucho antes de que a nosotros se nos ocurriera que se podía hacer algo. Pero luego volvía a pensar que era imposible que las autoridades me malinterpretaran tan groseramente, o que si lo hacían, lo hicieran de forma intencionada, que, en otras palabras, todo lo que yo hacía fuera rechazado de antemano sin un examen más profundo. Así que no me rendí y la ambición de Barnabas le impidió rendirse a él. En este período de preparación Barnabas se volvió tan altivo que consideraba que ser zapatero era un trabajo demasiado vil para él, un futuro empleado de oficina; sí, incluso se atrevía a contradecir a Amalia, y de plano, en las pocas ocasiones en que ella le hablaba del tema. No le escatimé esta breve felicidad, pues el primer día que fuera al Castillo su felicidad y su arrogancia se desvanecerían, algo bastante fácil de prever.
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Los planes de Olga
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