Solo que, ¿cuándo es probable que a uno se le presente una oportunidad así? A veces de inmediato, uno apenas ha llegado, apenas ha tenido tiempo de mirar a su alrededor cuando la oportunidad ya está ahí, y muchos no tienen ni la presencia de ánimo, por ser completamente nuevos en el puesto, para aprovechar la ocasión; pero en otros casos puede que haya que esperar todavía más años que los empleados oficiales, y después de ser un criado semioficial durante tanto tiempo, uno ya nunca podrá ser contratado legalmente después como empleado oficial. Así que hay motivos de sobra para pararse a pensarlo, pero todo eso se reduce a nada si se tiene en cuenta que las pruebas para los nombramientos oficiales son muy rigurosas y que a cualquier miembro de una familia dudosa se le rechaza de antemano; supongamos que alguien así se presenta a los exámenes, durante años espera con miedo y temblor el resultado, desde el primer día todo el mundo le pregunta con asombro cómo ha podido atreverse a hacer algo tan descabellado, pero él sigue al pie del cañón albergando esperanzas —si no, ¿cómo iba a mantenerse con vida?—; luego, tras años y años, tal vez ya siendo un anciano, se entera de que ha sido rechazado, se entera de que todo está perdido y que toda su vida ha sido en vano. Aquí también hay excepciones, por supuesto, y por eso es tan fácil caer en la tentación. A veces ocurre que a sujetos verdaderamente turbios se les llega a nombrar; hay funcionarios que, literalmente a pesar de sí mismos, se sienten atraídos por esos forajidos; en los exámenes de ingreso no pueden evitar olfatear el aire, chasquear la lengua y poner los ojos en blanco ante un aspirante así, que de algún modo les parece terriblemente apetitoso, y tienen que aferrarse a sus libros de reglamentos para poder resistírsele. A veces, sin embargo, eso no ayuda al aspirante a conseguir un nombramiento, sino que solo conduce a un aplazamiento interminable de los trámites preliminares, que nunca llegan a concluirse de verdad, sino que solo se interrumpen con la muerte del pobre hombre. Así pues, el nombramiento oficial, al igual que el otro tipo, está lleno de dificultades evidentes y ocultas, y antes de meterse en algo así es muy
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Los planes de Olga
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