asintió: > «Hace ya mucho tiempo que no baja por aquí», dijo. > «Hace ya mucho tiempo»,
Por fin se detuvieron ante una puerta que en nada se diferenciaba de las demás y tras la cual, según les informó el criado, se encontraba Erlanger.
El criado hizo que K. lo alzara sobre sus hombros y echó un vistazo a la habitación a través de la rendija abierta.
—Está tumbado —dijo el criado al bajarse—, en la cama, con la ropa puesta, es verdad, pero aun así me parece que está dormido. A menudo le vence el cansancio de esa manera, aquí en el pueblo, con eso del cambio de costumbres. Tendremos que esperar. Cuando se despierte tocará el timbre. Además, ya le ha ocurrido antes que se pasa durmiendo toda su estancia en el pueblo, y luego, al despertar, tiene que marchar de inmediato de vuelta al Castillo. Es voluntario, por supuesto, el trabajo que hace aquí.
—Entonces sería mejor que siguiera durmiendo —dijo Gerstäcker—, pues cuando le queda un poco de tiempo para su trabajo después de despertar, se enfada mucho por haberse quedado dormido e intenta arreglarlo todo de prisa, de modo que a uno apenas le deja decir palabra.
—¿Ha venido por lo del contrato de transporte para el nuevo edificio? —preguntó el criado.
Gerstäcker asintió, hizo que el criado se apartara a un lado y le habló en voz baja, pero el criado apenas lo escuchaba, miraba más allá de Gerstäcker, a quien superaba en más de una cabeza, y se alisaba el pelo lenta y seriamente.