sus sugerencias de un amargo reproche hacia mí misma. Un intento bienintencionado pero superfluo. Mi amor por ti me había ayudado a superar todo, y sin duda te ayudaría a ti también a salir adelante, a la larga, si no aquí en el pueblo, en algún otro sitio; ya había dado una prueba de su poder, te había rescatado de la familia de Barnabas. —Esa era tu opinión entonces —dijo K.—, ¿y ha cambiado desde aquello? —No lo sé —respondió Frieda, bajando la mirada hacia la mano de K., que aún sostenía la suya—, tal vez nada ha cambiado; cuando estás tan cerca de mí y me interrogas con tanta calma, entonces creo que nada ha cambiado. Pero en realidad —retiró su mano de la de K., se sentó erguida frente a él y lloró sin ocultar su rostro; le tendió su rostro cubierto de lágrimas como si no llorara por ella misma y por tanto no tuviera nada que ocultar, sino como si llorara por la traición de K. y por ello el dolor de ver sus lágrimas fuera lo que él merecía—: Pero en realidad todo ha cambiado desde que te he escuchado hablar con ese muchacho. ¡Qué inocentemente empezaste a preguntar por la familia, por esto y lo otro! Para mí parecías exactamente el mismo de aquella noche en que entraste en la taberna, impetuoso y franco, tratando de captar mi atención con un entusiasmo tan infantil. Eras exactamente igual que entonces, y todo lo que deseaba era que la dueña de la pensión hubiera estado aquí y te hubiera escuchado, y entonces habríamos visto si aún podía mantenerse en su opinión. Pero entonces, de repente —no sé cómo pasó—, me di cuenta de que le estabas hablando con una intención oculta. Te ganaste su confianza —y no era fácil de ganar— con palabras comprensivas, simplemente para alcanzar con mayor facilidad tu fin, que empecé a reconocer con cada vez más claridad. Tu fin era esa mujer. En tus preguntas, aparentemente llenas de solicitud por ella, podía ver con absoluta desnudez tu simple preocupación por tus propios asuntos. Estabas traicionando a esa mujer incluso antes de haberla conquistado. En tus palabras no solo reconocí mi pasado, sino también mi futuro;
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