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nydus/The Condition of the Working Class in EnglandPublic
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Así como la actividad voluntaria y productiva es el mayor deleite que conocemos, la fatiga forzada es el castigo más cruel y degradante. Nada hay más terrible que verse obligado a hacer una misma cosa todos los días, de la mañana a la noche, en contra de la propia voluntad. Y cuanto más se siente el obrero a sí mismo como hombre, más aborrecible le debe resultar su trabajo, porque siente la coacción y la inutilidad del mismo para él. ¿Por qué trabaja? * ¿Por amor al trabajo? * ¿Por un impulso natural? * ¡En absoluto! Trabaja por dinero, por algo que no guarda relación alguna con el trabajo en sí; y trabaja además durante tanto tiempo y con una monotonía tan ininterrumpida que esto solo bastaría para convertir su labor en un suplicio ya en las primeras semanas, si le queda el menor sentimiento humano. La división del trabajo ha multiplicado las influencias embrutecedoras del trabajo forzado. En la mayoría de las ramas, la actividad del trabajador se reduce a una manipulación mezquina y puramente mecánica, repetida minuto tras minuto, invariable año tras año. ¿Cuánto sentimiento humano, qué facultades puede conservar a los treinta años un hombre que ha fabricado puntas de aguja o limado ruedas dentadas doce horas al día desde su temprana infancia, viviendo todo ese tiempo bajo las condiciones impuestas al proletario inglés? Sigue ocurriendo lo mismo desde la introducción del vapor. La actividad del obrero se ve facilitada, se ahorra esfuerzo muscular, pero el trabajo en sí se vuelve insignificante y monótono en el más alto grado. No ofrece ningún campo para la actividad mental y reclama justo la atención necesaria para impedirle pensar en cualquier otra

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