con techos tan bajos que los trabajadores se ven obligados a arrastrarse a gatas. Por lo tanto, para esta labor más agotadora se emplea a niños mayores y a muchachas adolescentes. Se emplea a un hombre o dos muchachos por artesa, según las circunstancias; y, si son dos muchachos, uno empuja y el otro tira. El arranque del mineral o del carbón, que es realizado por hombres o jóvenes robustos de dieciséis años o más, es también un trabajo muy fatigoso. La jornada laboral habitual es de once a doce horas, a menudo más; en Escocia alcanza las catorce horas, y el doble turno es frecuente, momento en el cual todos los empleados trabajan bajo tierra veinticuatro, e incluso treinta y seis horas seguidas. Las horas fijas para las comidas son casi desconocidas, de modo que esta gente come cuando el hambre y el tiempo se lo permiten.
El nivel de vida de los mineros se describe en general como bastante bueno y sus salarios altos en comparación con los de los jornaleros agrícolas que los rodean (quienes, sin embargo, viven en condiciones de indigencia), excepto en ciertas zonas de Escocia y en las minas de Irlanda, donde reina una gran miseria.
Tendremos ocasión de volver más tarde sobre esta afirmación que, por cierto, es meramente relativa, ya que implica una comparación con la clase más pobre de toda Inglaterra.
Entre tanto, consideraremos los males que se derivan del actual método de extracción minera, y el lector podrá juzgar si alguna paga en dinero puede indemnizar al minero por semejante sufrimiento.
Los niños y los jóvenes que están empleados en el transporte de carbón y mineral de hierro se quejan todos de estar extenuados. Ni siquiera en los establecimientos industriales dirigidos con mayor temeridad existe un