El cultivo del entendimiento que fortalece en tal medida la tendencia egoísta del burgués inglés, que ha hecho del egoísmo su rasgo predominante y ha concentrado todo su poder emocional en el único punto de la avaricia, está ausente en el obrero, cuyas pasiones son, por tanto, fuertes y poderosas como las del extranjero. La nacionalidad inglesa queda aniquilada en el obrero.
Dado que, como hemos visto, no le queda ningún otro campo para el ejercicio de su hombría que no sea su oposición a las condiciones de su vida entera, es natural que sea precisamente en esta oposición donde se muestre más varonil, más noble y más digno de simpatía.
Veremos que toda la energía, toda la actividad de los obreros está dirigida hacia este punto, y que incluso sus intentos de alcanzar una educación general guardan una relación directa con esto.
Es verdad que tendremos que relatar actos aislados de violencia e incluso de brutalidad, pero siempre hay que tener presente que la guerra social se libra declaradamente en Inglaterra; y que, mientras que a la burguesía le interesa librar esta guerra hipócritamente, bajo el disfraz de la paz y hasta de la filantropía, la única ayuda para los obreros consiste en desenmascarar el verdadero estado de cosas y destruir esta hipocresía; que los ataques más violentos de los trabajadores contra la burguesía y sus servidores no son sino la expresión abierta y descarada de lo que la burguesía perpetra en secreto y a traición contra los trabajadores.
La revuelta de los obreros comenzó poco después del primer desarrollo industrial y ha atravesado varias fases.
La investigación de su importancia en la historia del pueblo inglés debo reservarla para un tratamiento separado, limitándome mientras tanto a los escasos hechos que sirven para caracterizar la condición del proletariado inglés.