condiciones más saludables. A los nueve años es enviado a la hilandería a trabajar 6 horas y media (antes 8, y más atrás aún, 12 a 14, e incluso 16 horas) diariamente, hasta el año decimotercero; luego doce horas hasta el año decimoctavo. Las viejas influencias debilitadoras continúan, mientras se les añade el trabajo. No se puede negar que un niño de nueve años, incluso el hijo de un obrero, puede resistir 6 horas y media de trabajo diario, sin que nadie pueda rastrear resultados visibles y malos en su desarrollo directamente debidos a esta causa; pero en ningún caso su presencia en el aire húmedo y pesado de la fábrica, a menudo a la vez cálido y mojado, puede contribuir a una buena salud; y, en cualquier caso, es imperdonable sacrificar a la codicia de una burguesía desalmada el tiempo de los niños que debería dedicarse exclusivamente a su desarrollo físico y mental, apartarlos de la escuela y del aire fresco, con el fin de agotarlos en beneficio de los fabricantes. La burguesía dice: «Si no empleamos a los niños en las hilanderas, ellos solo permanecen bajo condiciones desfavorables para su desarrollo»; y esto es verdad, en general. Pero, ¿qué significa esto sino una confesión de que la burguesía primero coloca a los niños de la clase trabajadora bajo condiciones desfavorables, y luego explota estas malas condiciones para su propio beneficio, apela a aquello que es tanto culpa suya como el sistema fabril, disculpa el pecado de hoy con el pecado de ayer? Y si la Ley de Fábricas no les atara las manos en cierta medida, ¡cómo cuidaría de los intereses de estos trabajadores esta burguesía «humana», esta «benevolente» burguesía que ha construido sus fábricas únicamente por el bien de la clase trabajadora! Oigamos cómo actuaban antes de que el inspector de fábricas les pisara los talones. Su propio testimonio admitido los condenará en el informe de la Comisión de Investigación de Fábricas de 1833.
El informe de la Comisión Central relata que los fabricantes empezaban a emplear a niños raramente de cinco años, a menudo de seis, muy a menudo de siete, por lo general de ocho a nueve años; que la jornada laboral a menudo duraba de catorce a dieciséis horas, excluidas las