propietaria, impulsa el desarrollo de los trabajadores con mayor rapidez aún. Los trabajadores empiezan a sentirse como una clase, como un todo; empiezan a percibir que, aunque débiles como individuos, unidos forman una potencia; se fomenta su separación de la burguesía, el desarrollo de puntos de vista propios de los trabajadores y acordes con su posición en la vida; despierta la conciencia de la opresión y los trabajadores alcanzan la importancia social y política. Las grandes ciudades son las cunas de los movimientos obreros; en ellas los trabajadores comenzaron a reflexionar por primera vez sobre su propia condición y a luchar contra ella; en ellas se manifestó por primera vez la oposición entre proletariado y burguesía; de ellas proceden los sindicatos (Trades-Unions), el cartismo y el socialismo. Las grandes ciudades han transformado la enfermedad del cuerpo social, que se manifiesta de forma crónica en el campo, en una aguda, poniendo así de manifiesto su verdadera naturaleza y los medios para curarla. Sin las grandes ciudades y su influencia estimulante sobre la inteligencia popular, la clase trabajadora estaría mucho menos avanzada de lo que está. Además, han destruido el último vestigio de la relación patriarcal entre los obreros y los patronos, un resultado al que la gran industria ha contribuido al multiplicar los empleados dependientes de un solo patrono. La burguesía deplora todo esto, es verdad, y tiene buenas razones para hacerlo; pues, bajo las antiguas condiciones, el burgués estaba comparativamente a salvo de una revuelta por parte de sus operarios. Podía tiranizarlos y expoliarlos a su antojo, y aun así recibir obediencia, gratitud y aquiescencia de esa gente estúpida con solo prodigarles una pizca de amabilidad condescendiente que no le costaba nada, y tal vez algún presente mezquino, todo ello en apariencia por pura bondad de corazón desinteresada e injustificada, pero en realidad sin alcanzar ni la décima parte de su deber. Como burgués individual, situado bajo condiciones que él no había creado, podía cumplir con su deber al menos en parte; pero como miembro de la clase dominante, que por el mero hecho de dominar es responsable de la condición de toda la nación, no hizo nada de lo que
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