proletariado. El proletariado aumentaría en proporción geométrica, como consecuencia de la ruina progresiva de la pequeña burguesía y de los pasos de gigante con que el capital se concentra en manos de unos pocos; y el proletariado abarcaría pronto a toda la nación, con excepción de unos pocos millonarios. Pero en este desarrollo llega una etapa en la que el proletariado percibe cuán fácilmente puede ser derrocado el poder existente, y entonces se produce una revolución.
Ninguna de estas supuestas condiciones puede, sin embargo, esperarse que surja. Las crisis comerciales, las palancas más poderosas para todo el desarrollo independiente del proletariado, probablemente acortarán el proceso, actuando en concierto con la competencia extranjera y la creciente ruina de la pequeña burguesía. Pienso que el pueblo no soportará más que otra crisis más. La próxima, en 1846 o 1847, probablemente traerá consigo la abolición de las leyes de cereales y la promulgación de la Carta del Pueblo. Qué movimientos revolucionarios pueda originar la Carta está por verse. Pero, para la época de la crisis subsiguiente, la cual, según la analogía de sus predecesoras, debe estallar en 1852 o 1853 —a menos que tal vez sea retrasada por la abolición de las leyes de cereales o acelerada por otras influencias, como la competencia extranjera—, para cuando llegue esta crisis, el pueblo inglés estará harto de ser saqueado por los capitalistas y abandonado a la inanición cuando los capitalistas ya no requieran sus servicios. Si, hasta ese momento, la burguesía inglesa no se detiene a reflexionar —y por lo que parece ciertamente no lo hará—, seguirá una revolución con la que ninguna de las conocidas hasta ahora podrá compararse. Los proletarios, llevados a la desesperación, empuñarán la antorcha que Stephens les ha predicado; la venganza del pueblo descenderá con una furia de la cual la rabia de 1793 no da una idea verdadera. La guerra de los pobres contra los ricos será la