Mánchester es notoria. En este caso, los hijos son los amos de la casa, como la esposa lo era en el caso anterior, y Lord Ashley da un ejemplo de esto en su discurso: un hombre regañó a sus dos hijas por ir a la taberna, y estas le respondieron que estaban hartas de que las mandaran, diciendo: «¡Que te den, tenemos que mantenerte!». Decididas a quedarse con el producto de su trabajo para ellas solas, abandonaron el hogar familiar y dejaron a sus padres a su suerte.
Las mujeres solteras, que se han criado en las fábricas textiles, no están en mejor situación que las casadas. Es evidente que una chica que ha trabajado en una fábrica textil desde sus nueve años no está en condiciones de entender las tareas domésticas, de lo cual se deduce que las obreras resultan completamente inexpertas e incapaces como amas de casa. No saben hacer media ni coser, cocinar o lavar, desconocen los deberes más ordinarios de un ama de casa y, cuando tienen niños pequeños de los que ocuparse, no tienen la más remota idea de cómo abordarlo. El informe de la Comisión de Investigación