perturbaciones entre los estampadores de percal; que la rebeldía de los aparejadores de hilo en las fábricas de tejido con telar mecánico dio lugar a una nueva y perfeccionada máquina para el aparejo de la urdimbre, y menciona otros varios casos similares. ¡Pocas páginas antes, este mismo Ure se toma gran trabajo para demostrar detalladamente que la maquinaria es beneficiosa para los obreros! Pero Ure no es el único; en el Factory Report (Informe sobre las fábricas), el señor Ashworth, el fabricante, y muchos otros, no pierden la oportunidad de expresar su ira contra los sindicatos. Estos sabios burgueses, al igual que ciertos gobiernos, atribuyen todo movimiento que no comprenden a la influencia de agitadores malintencionados, demagogos, traidores, idiotas parlanchines y jóvenes desequilibrados. ¡Afirman que los agentes pagados de los sindicatos están interesados en la agitación porque viven de ella, como si la necesidad de este pago no les fuera impuesta por la burguesía, que no les da ningún empleo a tales hombres!
La increíble frecuencia de estas huelgas demuestra mejor que nada hasta qué punto la guerra social se ha desatado por toda Inglaterra. No pasa una semana, apenas un día, en realidad, sin que se declare una huelga en algún lugar, ya sea contra una reducción, ya contra la negativa a subir el salario, ya sea por el empleo de esquiroles o por la persistencia de abusos, a veces contra la nueva maquinaria o por un centenar de motivos más. Estas huelgas, escaramuzas al principio, desembocan a veces en luchas de peso; es verdad que no deciden nada, pero son la prueba más firme de que se aproxima la batalla decisiva entre la burguesía y el proletariado. Son la escuela militar de los obreros, en la que se preparan para la gran lucha que no se puede evitar; son los pronunciamientos de ramas industriales aisladas que declaran que ellas también se han sumado al movimiento obrero. Y cuando uno examina la colección de un año del Northern Star, el único periódico que informa sobre todos los movimientos