los doblega. Por uno que se enriquece, diez se arruinan y cien quedan en peor situación que nunca por la presión de ese advenedizo que puede permitirse vender más barato que ellos. Y en los casos en que tienen que competir desde el principio contra los grandes capitalistas, resulta evidente que solo pueden abrirse paso con la mayor dificultad. Los aprendices se encuentran, como veremos, en tan mala situación bajo los pequeños patronos como bajo los fabricantes, con la única diferencia de que ellos, a su vez, pueden llegar a ser pequeños patronos y alcanzar así cierta independencia; es decir, que, en el mejor de los casos, son explotados de forma menos directa por la burguesía que bajo el sistema fabril. De este modo, estos pequeños patronos no son verdaderos proletarios, ya que viven en parte del trabajo de sus aprendices, ni verdaderos burgueses, ya que su principal medio de sustento es su propio trabajo. Esta peculiar posición intermedia de los obreros del metal de Birmingham es la culpable de que rara vez se hayan sumado entera y sin reservas a los movimientos obreros ingleses. Birmingham es una ciudad políticamente radical, pero no cartista. Hay, sin embargo, numerosas fábricas mayores pertenecientes a capitalistas, y en ellas reina soberano el sistema fabril. La división del trabajo, llevada aquí hasta el último detalle (en la industria de agujas, por ejemplo), y el uso de la fuerza motriz del vapor permiten el empleo de una gran multitud de mujeres y niños, y encontramos aquí exactamente los mismos rasgos que presentaba el Informe sobre las fábricas (Factories’ Report): el trabajo de las mujeres hasta la hora del parto, la incapacidad como amas de casa, la negligencia del hogar y de los hijos, la indiferencia, la aversión real a la vida familiar y la desmoralización; además, el desplazamiento de los hombres del empleo, el perfeccionamiento constante de la maquinaria, la emancipación precoz de los niños, los maridos mantenidos por sus mujeres e hijos, etc., etc. Se describe a los niños como medio muertos de hambre y andrajosos; se dice que la mitad de ellos no sabe lo que es comer hasta hartarse, que muchos no prueban bocado antes de la comida del mediodía o viven incluso todo el día con un panecillo de un penique
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Las ramas restantes de la industria
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