Ure por sí solo, que he citado, sería aún más repugnante si no fuera tan absurdo.
El resultado de este informe fue la Ley de Fábricas de 1834 (Factory Act of 1834), que prohibía el empleo de niños menores de nueve años (excepto en las hilanderías de seda), limitaba las horas de trabajo de los niños de entre 9 y 13 años a 48 por semana, o a 9 horas como máximo en un solo día; el de los jóvenes de 14 a 18 años a 69 por semana, o 12 en un solo día como límite máximo, establecía una hora y media como intervalo mínimo para las comidas, y reiteraba la prohibición total del trabajo nocturno para los menores de dieciocho años. Se prescribió la asistencia escolar obligatoria de dos horas diarias para todos los niños menores de catorce años, y se declaró punible al fabricante en caso de emplear niños sin un certificado de edad del cirujano de la fábrica y un certificado de asistencia escolar del maestro. Como compensación, se permitía al empleador deducir un centavo de las ganancias semanales del niño para pagar al maestro. Además, se nombró a cirujanos e inspectores para visitar las fábricas en todo momento, tomar testimonio a los obreros bajo juramento y hacer cumplir la ley mediante procesamiento ante un juez de paz (Justice of the Peace). ¡Esta es la ley contra la cual el Dr. Ure invectiva en términos tan desmedidos!