aire libre, no es posible sorprenderse ante el testimonio casi unánime de los médicos en el Informe sobre las fábricas, de que hallan una gran falta de capacidad para resistir las enfermedades, una depresión general en la actividad vital y una constante relajación de las facultades mentales y físicas. Oigamos primero a Sir D. Barry:
“Las influencias desfavorables del trabajo en las hilanderías sobre las manos son las siguientes:
A estas se añaden con frecuencia talleres bajos, abarrotados, polvorientos o húmedos, aire impuro, alta temperatura y transpiración constante. De ahí que los muchachos, especialmente, pierdan muy pronto y con muy pocas excepciones la frescura rosada de la infancia, volviéndose más pálidos y delgados que los demás niños. Incluso el aprendiz del tejedor a mano, que se sienta ante su telar con los pies descalzos apoyados sobre el suelo de arcilla, conserva un aspecto más fresco, porque de vez en vez sale al aire libre por un tiempo. Pero el niño de la hilandería no tiene un solo momento libre, salvo para las comidas, y nunca sale al aire libre excepto de camino a ellas. Todos los hilanderos varones adultos son pálidos y delgados, padecen de apetito caprichoso e indigestión; y como todos se han criado en las hilanderías desde su juventud, y entre ellos hay muy pocos hombres altos y atléticos, está justificada la conclusión de que su ocupación es muy desfavorable para el desarrollo de la constitución masculina; las mujeres soportan este trabajo mucho mejor”. (Muy natural. Pero veremos que ellas tienen sus propias enfermedades).